Convirtiéndose en un detective

La dificultad con los programas o dietas sensoriales es que no siempre te permiten “leer” el sistema nervioso del niño al instante. ¿Cuestiones como “cuál es el estado actual del niño”? antes no se empieza una intervención sensorial, es clave a la hora de decidir qué tipos de actividades podrían ser útiles para mover el estado del niño hacia el equilibrio. Demasiado a menudo, cuando seguimos actividades prescritas, la flexibilidad se ve limitada al momento de reconocer las necesidades CAMBIANTES del niño.

Hay muchos niños con experiencias cambiantes en su procesamiento sensorial. Esto quiere decir que sus necesidades sensoriales están en cambio constante. La estrategia sensorial que puede ser eficaz un día, puede desorganizarlos completamente otro día. La capacidad de valorar el estado actual del niño, ayuda a decidir al terapeuta en aquel preciso momento, como debe trabajar para regularizar el nivel de alerta. ¿Son hipo? ¿híper? ¿O sobre estimulados? Recordad que cuando los niños están sobre estimulados, a menudo pasan por un estado de híper alerta (risa descontrolada, arrebato, etc.) en su camino hacia un estado organizado. Quizás hace falta continuar con actividades tranquilizantes durante un periodo más largo de tiempo, mientras el niño pasa por el estado transitorio de híper alerta.

Los niños con autismo pueden tener una amplia variedad de factores de procesos sensoriales. Pueden tener dificultades en “el registro” inicial de una sensación; dónde el cerebro es incapaz de “notar” el sentimiento de aquella sensación. A veces hay un retardo en el tiempo de procesamiento de una sensación, dónde hay un “retroceso” o el cerebro tarda un rato a notar la sensación. A menudo, continuamos proporcionando una experiencia sensorial más allá de la duración necesaria, ya que percibimos como alto el umbral sensorial del niño; mientras que en realidad, el umbral puede ser bajo, y tener una larga latencia de tiempo en cuanto a la detección. Las tres variables con las cuales podemos jugar cuando proporcionamos una experiencia son: frecuencia, intensidad y duración de un estímulo sensorial.

¿Cada cuando proporcionamos una experiencia?

¿Por cuánto tiempo? ¿Y con qué intensidad? ¡La Intervención sensorial no es tan sencilla como proporcionar un régimen sensorial de respuesta!

A veces, niños con problemas de procesamiento sensorial, ¡se emocionan cuando se conectan con ellos mismos! La emoción o el incremento del nivel de alerta que observamos puede ser sobre el hecho de sentir el presente y sentirlo en su cuerpo. Esto es un aumento de alerta emocional resultante de la experiencia, más que una alerta creada por exceso de respuesta sensorial. Discernir esta situación requiere tener un muy buen ojo clínico. Niños que buscan repetir, repetir, y repetir una actividad, a menudo quedan emocionalmente cargados por el proceso con éxito de la experiencia. “¡Me gusta esta sensación!”

Otra situación que merece la consideración, es que a veces muchas intervenciones sensoriales diferentes necesitan estar combinadas juntas para tal de hacerles “tocar de pies al suelo” el sistema nervioso. Por ejemplo, a muchos niños los conviene combinar el escuchar con el movimiento, tacto con una fuerte presión, un trabajo duro y una tarea difícil para tal que la sensación “tenga un sentido”. Datos sensoriales aleatorios pueden “rebotar por el sistema nervioso” sin tener sentido o sin organizar el comportamiento global del niño. Con un estímulo cada vez, puede no ser lo suficiente para ser organizado.

El sistema nervioso es un entramado complejo que poco a poco iremos descubriendo y que nos ayudará a comprender las respuestas de los niños que nos rodean.

Escrito de Kim Barthel, T.O. Visitadlo en su web www.labyrinthjourneys.com

Texto traducido y adaptado por el CEIB.